Hace unas tres semanas que he vuelto a trabajar. Me gusta trabajar. Y lo he hecho en sitios tan dispares, que cuando encuentro un trabajo que me atrae y me obliga a ponerme las pilas en cuanto a conocimientos, me siento muy, muy bien conmigo misma.
Una cosa es que tenga que trabajar para poder pagar la hipoteca, y otra muy distinta que además me guste lo que hago. Me ha gustado trabajar en las bibliotecas en que he estado hasta ahora, y me gusta mi nuevo trabajo.
Me pasan dos cosas cada vez que empiezo en un nuevo trabajo:
Primero, soy presa de un estrés que me obliga a estar muy atenta y empaparme de todo, pero que también me despierta en mitad de la noche cuestionando mi valía y pensando si no seré demasiado lenta aprendiendo o demasiado poco despierta y debería ya saber hacer lo que me explican. Aquí, entre nosotras, soy un poco listilla. Mi QE siempre me dice que cuando empiezas en un trabajo hay que ir un poco de tonta, a que me enseñen todo. Pero no puedo; lo intento, pero me sale la vena Marisabidilla que llevo encima desde que nací, y aunque no creo que sea la típica vena excesivamente repelente (ejem), se manifiesta provocando que prefiera buscarme la vida antes que preguntar, asegurar que lo he entendido todo cuando me lo explican a la primera, y ponerme muy nerviosa si no consigo hacer las cosas en el tiempo en que las hacen mis compañeras (aunque estas lleven años haciéndolas)
Segundo, el estrés con la sensación de estar aprendiendo a hacer cosas nuevas, me hace sentirme muy, muy bien. Ya lo he dicho, pero lo repito, me encanta trabajar. Soy de esa generación de mujeres que interiorizaron que el trabajo las liberaría, y aunque ya no estoy tan segura de eso y en muchas ocasiones preferiría quedarme con mis peques y criarlos a tiempo completo, es cierto que desarrollarme profesionalmente siempre ha sido una obsesión. Estoy de mejor humor cuando trabajo fuera de casa, me quiero más y eso lo notan todos a mi alrededor.
De todos modos, estoy segura que unos meses empezaré a encontrar pegas a esto. Así es que cuando leáis mis quejas sobre los jefes o los clientes o lo que sea que me provoque quejarme, podéis recordarme este post o bien ser buenas, dejar que me desahogue y no tenérmelo muy en cuenta.
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4 comentarios:
Me identifico con lo que cuentas, hace poco que empecé en el trabajo más importante que he tenido pero yo todavía no he empezado a disfrutarlo, todavía estoy en la fase de despertarme dandole vueltas a todo.
Haces bien en no avergonzarte de ser honesta contigo misma. Al fin y al cabo es de lo que se trata. Yo reconozco esas sensaciones que dices, pero mi caso es diferente porque soy hombre y no se nos mide con el mismo rasero en el ámbito social-laboral: lo que en un hombre se ve como una cualidad ("es un tio competente"; ¡¡eh, y lo soy :-)!!) para una mujer es un defecto ("es una marisabidilla"; conociéndote a ti y al "mercao"; que hay, no lo dudo).
Hola guapetona. Ya leo que la vía Internet, "es la Vía" para comunicarme contigo. Pues bien, aquí estoy, temblando un poco, pues este escaparate no es mi medio, pero si es el tuyo, yo, por tí hago lo que sea, je,je.
No cuentas dónde estás trabajando..clientes?? Un beso con abrazo.
Carmen C.
Me identifico completamente contigo, tengo 2 niños pequeños y me he regalado un año de excedencia para cuidarlos, esto es estupendo ( nos habremos equivocado las mujeres y nuestro lugar es éste); pero en breve vuelvo al trabajo y aunque me agobia la idea, en cuanto empiece me volveré a enganchar, me encanta mi trabajo y no podría estar sin él.
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